A la muerte, de la mano y en parejas | Soccer City
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A la muerte, de la mano y en parejas

El Atlético de Madrid vivió en Turín una de las noches más complicadas de la “era Simeone”. Partiendo del 2-0 conseguido en el Metropolitano, el conjunto rojiblanco visitaba a uno de los rivales más potentes del mundo: “Tenemos 90 minutos por delante, probablemente más”, dijo Germán Burgos en la previa

No hizo falta más, con el tiempo reglamentario fue más que suficiente para que Massimiliano Allegri se impusiera en todas las facetas del juego a Diego Pablo Simeone en un irónico cambio de papeles respecto a la ida, en la que el argentino consiguió lo que en la vuelta llevó a cabo el italiano, hacer del contrario un equipo inoperante, dubitativo, impreciso e inseguro.

Diego Pablo Simeone no salió a encerrarse al Allianz Stadium, el técnico argentino asistió a cómo su plan se quedaba en nada, en una teoría dibujada en una pizarra del vestuario visitante del estadio ‘juventino’. De entre los restos del incendio se pueden vislumbrar algunos de los rescoldos del plan rojiblanco, un plan basado en combinar dos versiones del equipo que los futbolistas no llegaron a poner en práctica de forma efectiva en ningún momento.

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Saúl, uno de los grandes desaparecidos de la noche | Foto: Atleti

Las dos versiones consistían en intentar finalizar situaciones que le permitieran al equipo subir las líneas gracias a una presión alta. La primera trataba de mostrar un bloque sólido defensivamente e incisivo a la contra y, la segunda, asentarse en ocasiones en campo contrario con posesiones largas que terminasen jugada o en una intensa presión tras pérdida.

En la primera fase del encuentro, el empuje de la Juventus hizo muy de menos la primera versión del plan del técnico argentino, el acoso en campo contrario hizo tambalear los dos pilares de esta primera idea, el Atlético sufrió en defensa y no fue capaz de inquietar en ninguna salida a la contra en todo el partido. La segunda versión, por su parte, apenas se pudo ver, contadísimos ataques en campo contrario que adolecieron de algunas taras marcadas por la alineación elegida por Simeone.

Si el Atlético de Madrid no conseguía terminar jugada, el plan de Simeone se quedaba en absolutamente nada. Acabar jugada o perderla a 90 metros de Oblak, ésa era la idea de un entrenador que asistió a cómo su equipo no fue capaz de adelantar el bloque debido a esta circunstancia en prácticamente ninguna ocasión, así que, la pregunta es: ¿por qué el Atlético de Madrid no pudo finalizar casi ninguna jugada a lo largo del encuentro?

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Morata en una pugna con Matuidi | Foto: Atleti

El Atlético de Madrid se presentó en Turín con una buena renta y un buen puñado de bajas, algunas muy importantes, como la de Diego Costa, pero otras absolutamente decisivas, como la de Filipe Luis o la de Thomas Partey. Simeone emparejó a todos sus jugadores sobre el césped para solidificar en defensa y aportar soluciones a su par en ataque: Godín-Giménez, Juanfran-Lemar, Arias-Koke, Rodri-Saúl y Griezmann-Morata. Ninguna de estas parejas funcionó y, como consecuencia, el equipo nunca consiguió hacerlo.

Los problemas en la base repercuten en la cúspide

En el sistema de Simeone, la base del centro del campo es absolutamente decisiva, el doble pivote que conformaban Gabi-Tiago representaba todo lo que Simeone necesitaba de sus centrocampistas más puros. Los primeros pasos de Rodrigo en el Atlético de Madrid ayudaron a evidenciar algo ya anteriormente evidenciado, en realidad: que Saúl y Koke no son futbolistas para conformar un doble pivote. Saúl es un llegador y Koke un conector, ninguno un creador.

La mejor versión del equipo, y la de Rodri, durante esta temporada ha ido necesariamente ligada a acompañar a éste de un Thomas capaz de contrarrestar, tanto física como tácticamente, sus deficiencias. Thomas es aire fresco para Rodri, Thomas es la diferencia entre un Rodri que recibe de espaldas presionado y un Rodri que recibe una pared y levanta la cabeza para iniciar el ataque rojiblanco.

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Thomas y Rodri ante el Athletic de Bilbao | Foto: Atleti

La sanción de Thomas obligó a Simeone a volver a probar, y fracasar, con Saúl en el doble pivote. Mientras Thomas escuda en la salida y acompaña hasta tres cuartos -lugar en el que Rodrigo dejar de aportar cosas positivas-, Saúl directamente se mostró perdido, sin ser capaz de aportar soluciones a un Rodrigo absolutamente desbordado y que tardó muy poco en desconfiar de sus propias posibilidades y, cuando esto ocurrió, el Atlético perdió su conexión entre el bloque medio (Rodri-Saúl) y los bloques laterales (Juanfran-Lemar y Arias-Koke).

Soledad en los flancos rojiblancos

Los bloques laterales, entonces, necesitaban aportar por sí mismos una vez desconectados de una medular desbordada e inoperante ante la presión sobre Rodri, pero ninguno de los dos flancos lo hizo. El bloque lateral izquierdo no funcionó por razones evidentes, la ausencia de Filipe y Lucas automáticamente supuso que la dualidad Juanfran-Lemar dispusiera de una tara competitiva prácticamente insalvable

El francés se mostró inconmensurable en su esfuerzo defensivo, pero nunca tuvo en un Juanfran diestro, y excesivamente veterano, el socio en banda que permitiese oxigenar al equipo. El de Guadalupe doblaba al de Crevillente en el lateral, de la misma manera que hacía Koke con Arias en el flanco contrario. Flanco que adoleció de las mismas dificultades que el izquierdo, el de Vallecas se vacío en sus apoyos al colombiano, pero éste nunca le dio la profundidad a la banda que permitiese al internacional español ser protagonista en tres cuartos de campo.

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Bernardeschi y Cristiano Ronaldo | Foto: Juventus FC

Juanfran nunca pudo superar los tres cuartos de campo, y nunca fue el socio que Lemar necesitó teniendo en cuenta que no tenía otro. Arias, como a lo largo de la temporada, priorizó no perder la posición a arriesgar en campo contrario flanqueando a Koke. Dos parejas por su cuenta y riesgo, dos parejas que no encontraron la manera de apoyarse ni de ser apoyados por el bloque central y, mucho menos, conectar con el bloque de la banda contraria.

El bloque ofensivo, una isla

Un Atlético de Madrid absolutamente cortocircuitado, los bloques tácticos fueron islas en medio de la inmensidad oceánica, y ningún bloque refleja dicha metáfora de forma más fiel que el ofensivo, el conformado por Griezmann y Morata. Con un centro del campo incapaz de conectar con sus bandas y unas bandas incapaces de ganar metros, ni Griezmann en primera instancia, ni Morata en última, consiguieron tener el más mínimo protagonismo.

El centro neurálgico del planteamiento, el bloque central, Rodri-Saúl, fue la primera pieza de un dominó que nunca llegó a precipitar la siguiente. Simeone confió por enésima vez en la elección de Saúl o Koke para la base y por enésima vez se equivocó. Saúl en el doble pivote fue la primera decisión de un plan que dejó solo a un Rodri que ya había demostrado carencias sin Thomas a su lado, Saúl en el doble pivote demostró de forma definitiva que la secretaría técnica tuvo una gran laguna en la no contratación de un tercer mediocentro puro.

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La afición visitante en el Juventus Stadium | Foto: Juventus FC

Las ausencias de Thomas y Filipe (y Lucas) precipitaron la decisión de Simeone de utilizar a dos futbolistas fuera de su zona de confort. En el caso de Juanfran la decisión resulta justificable dadas las opciones que le ofrecía la plantilla, decidió utilizar a un Juanfran experimentado cambiado de banda, que a un central inexperto -zurdo- como Montero actuando como lateral izquierdo. Ya en la segunda parte colocó a Saúl en el lateral y a Koke en la base pero, además de que no es una posición en la que muestre buen rendimiento, ya era tarde desde el punto de vista anímico.

Sólo Vitolo, ya en el tramo final de partido, consiguió ofrecer un poco de aire en campo contrario, siendo capaz de ofrecer algo de pausa en momentos muy puntuales. Un equipo que se encomendó a alguna diablura de un Correa que terminó por ofrecerla en su propia área, dinamitando con un penalti imperdonable cualquier opción que tuviera el Atlético de Madrid de llegar a la prórroga o a los penaltis.

Lo que siempre fue, y no pudo ser

Pero, falta una pareja por analizar, la que conformaron Godín y Giménez, que, en realidad, es probablemente la más sencilla de diagnosticar. Godín es un futbolista en el ocaso de su carrera, capaz de ofrecer partidos brillantes en una de cada cuatro citas gracias a su autoridad y experiencia pero que, en los tres restantes, empieza a demostrar carencias importantes, ayer lo hizo especialmente por alto -otros días lo hace en el retorno-, se le vio incómodo y superado y, como consecuencia, el que siempre es su espejo, Giménez, siguió sus pasos.

¿Resultado? La tasa de conversión de la Juventus alcanzó máximos históricos, nunca un equipo fue capaz de hacerle tanto daño al atlético en un número similar de ocasiones, Cristiano superó a toda la defensa en altura, determinación y confianza, derribando un muro temible durante el último siglo: la defensa del Atlético de Madrid. Si el bloque defensivo se muestra especialmente débil, y el bloque neurálgico no crea los circuitos necesarios para la elaboración del fútbol, se ve lo que se vio en el Juventus Stadium: un equipo que parece no tener alma.

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Cristiano Ronaldo celebra uno de sus goles | Foto: Champions League

La presión alta y la intensidad de la Juventus tiraron por tierra la idea que Simeone planteó, Allegri consiguió cortocircuitar la intención atlética aislando todos sus actores, comenzando por una feroz presión al infructuoso doble pivote rojiblanco. Simeone asistió impávido a cómo su plan no tomaba ninguna forma, ni tenía visos de ello, no fue capaz de agitar tácticamente a un equipo enrocado en el 4-4-2 para sorprender a la Juventus, no fue capaz de introducir las modificaciones que le dieran aire a un Rodri asfixiado, si es que había alguna posibilidad de ello.

La Juventus empujó, con físico y calidad, con laterales profundísimos y con un Bernardeschi que consiguió desordenar todo lo que encontró a su paso, con un centro del campo comandado por Pjanic y flanquedado por unos inconmensurables Can y Matuidi; superioridad absoluta de los tres bianconeros ante los dos rojiblancos, ya que Koke y Lemar flanqueaban las bandas.

Hubo muchas diferencias entre la Juventus y el Atlético de Madrid, un Atleti que, para su desgracia, tuvo mucho más miedo a perder que ilusión por ganar, mientras que se enfrentó a una Juventus que demostró mucha más ilusión por remontar que miedo a no hacerlo.

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