Algo de luz en un engranaje ofensivo apático | Soccer City
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Algo de luz en un engranaje ofensivo apático

El Málaga sucumbió en el Carlos Tartiere y cosechó un empate a nada en una nueva demostración de la apatía y la falta de recursos del ataque del equipo de Muñiz. Únicamente la segunda parte ante el Cádiz en la jornada anterior supuso algo de luz en el pobre engranaje malacitano. 

Tras las dos derrotas consecutivas en Extremadura y ante el Granada, el Málaga necesitaba recuperar sensaciones. Sus dos victorias en Mallorca y ante Cádiz supusieron aire fresco que se desvanecería con un nuevo pinchazo ante el Oviedo. Pese al siete de nueve, el equipo de Muñiz continúa con problemas muy severos en la creación de juego y la construcción. En muchos momentos vive del balón en largo y sufre cuando tiene que atacar en estático. Muchos factores que influyen en que la sala de máquinas no termine de carburar.

Un sistema de juego que prescinde de la salida desde atrás

La creación de juego es la asignatura pendiente del equipo de Muñiz. El principal problema es la disposición sobre el césped. Habitualmente, cuando el balón lo tiene uno de los dos centrales, N’Diaye espera el esférico como lateral. En ese contexto, Adrián tiene toda la medular para él solo, pero le faltan socios.

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Contexto en el que N’Diaye recibe como si fuera lateral | Fuente: Lineup11

Los jugadores de banda y mediapunta acostumbran a esperar el balón demasiado adelantados y no facilitan al pivote la labor de creación. Ante Granada y Oviedo fue Lacen el que ejerció ese rol ante la ausencia del propio Adrián por lesión. El resultado, muy similar. Falta de fluidez y continuidad y un equipo que no avanza con el balón. El franco-argelino sigue demostrando cada vez que juega que físicamente le cuesta llegar con el mismo ritmo que sus compañeros. Con balón es intrascendente y sin él el cuadro andaluz pierde la consistencia defensiva que aporta N’Diaye.

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Con N’Diaye intentando hacer de Adrián, el equipo pierde fluidez | Fuente: Lineup11

En otras ocasiones, N’Diaye se atreve a hacer de Adrián y recibe entre centrales. El problema es que por sus características y la falta de finura, el equipo no avanza cuando se sostiene sobre sus botas. Su construcción del juego es lenta y a veces un tanto imprecisa, pese a que siempre intenta buscar alguna opción adelantada. Por otro lado, cuando más sufre el equipo es con N’Diaye y Adrián alejados de los centrales. Tras presión rival en bloque medio-alto, Pau Torres o Diego González no encuentran socios y recurren al balón largo.

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Aquí surgen dificultades por la amplia distancia de Adrián y N’Diaye con respecto a los centrales | Fuente: Lineup11

Resultados que evidencian dicha carencia

Las derrotas ante Extremadura y Granada caricaturizaron al equipo de Muñiz. En ambos se pusieron por debajo en el marcador y no tuvieron recursos para acercarse a la meta rival. En el Francisco de la Hera, tan solo Ontiveros desequilibró por banda y aportó toda la chispa que no se veía en el resto de futbolistas de la medular. Blanco Leschuk pudo empatar, pero de nuevo un equipo inoperante en la zona de medio campo.

Frente al cuadro nazarí, el Málaga volvió a ser un conjunto gris en la creación. Como es habitual, el balón en largo a Blanco Leschuk fue una tónica. Los de Muñiz apenas hicieron sufrir al Granada. El técnico apostó por Lacen, un futbolista sin fluidez y con poco recorrido dadas sus limitaciones físicas. Teniendo a un mediocentro de calidad como Boulahroud en el banco, el asturiano cometió el primero de sus errores. El otro fue poner el foco en las bandas y agotar esos dos cambios sustituyendo a Ontiveros y Juanpi por Pacheco y Renato en lugar de buscar solución a la medular.

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El gol de Harper ponía por delante al Málaga en Son Moix | Foto: Málaga CF

La victoria ante el Mallorca a domicilio suponía coger aire fresco tras la mala dinámica. Sin embargo, el equipo no fue superior al cuadro bermellón en ningún momento. Juego ramplón, simple y sin saltar líneas desde el doble pivote en ningún momento. El balón parado y una buena acción con espacios permitió al equipo de Muñiz regresar a la senda del triunfo, pese a no mostrar mejoría en esa faceta.

N’Diaye y Adrián, luces y sombras

El doble pivote destinado a comandar la sala de máquinas malacitana es el formado por Alfred N’Diaye y Adrián González. Dos futbolistas tan sobrados para la categoría como atípicos. El primero por ser un portento físico y el segundo por jugar fuera de posición. Ambos cumplen en muchas labores pero son el foco de los problemas cuando el equipo se atasca en la construcción.

N’Diaye aporta en muchas facetas del juego. El primer lugar, pierde muy pocas pugnas aéreas. Se coloca con el atacante más ostentoso (Lékic ante el Cádiz) en cada saque del portero. Por otro lado, es un excelente recuperador de balones. Es el que más roba de su equipo y detiene acciones rivales con mucho peligro con excelsas segadas. También ejerce un rol trascendental en las basculaciones. Cualquier subida del lateral malacitano y consiguiente contraataque del adversario es subsanado por el senegalés. Cae al costado y ocupa el carril para frenar la cabalgada.

Sin embargo, en ataque no cuenta con la magia que otros atesoran desde la posición de pivote. Conduce en exceso en ocasiones, lento a la hora de entregar y falta de visión de juego para hacer avanzar a su equipo. Es muy frecuente ver en este Málaga como N’Diaye pierde el esférico a la hora de pasar pero segundos después él mismo recupera la posesión para su equipo. Un contraste muy notorio de aptitudes en el senegalés.


»La segunda parte resultó ser un espejo en el que mirarse


Con respecto Adrián, se trata de un mediapunta reconvertido a pivote. En sus anteriores temporadas, su principal peligro llegaba cerca del área, bien con la pelota, bien incorporándose y llegando con peligro. Cuenta con finura en su pierna izquierda. Sin embargo, a la hora de salir desde atrás también le cuesta saltar líneas y mover con rapidez de lado a lado. Ante el Cádiz estuvo algo mejor, cumpliendo con ese cometido de mover con velocidad la posesión.

Ante el Cádiz, el cuadro de Muñiz volvió a ofrecer los mismos síntomas en la primera mitad. Poca continuidad pese a que el equipo rival le cedió la posesión desde el primer minuto. Pau Torres y Diego tenían que recurrir al envío en largo a Leschuk. Juanpi y Pacheco muy desconectados y el doble pivote ejerciendo su papel habitual. Las pocas llegadas nacieron del recurso Blanco Leschuk o alguna recuperación que permitía salir con espacios. El centro lateral era otra alternativa, la cual pudo suponer el 1-0 de no ser por los reflejos de Cifuentes.

En defensa, el equipo se mostró muy solvente. Una roca apenas fracturable que no concedió ocasiones al Cádiz en los pimeros 43 minutos. Sin embargo, rebosando el ecuador, llegó la polémica a La Rosaleda con una posible mano. Lo relevante a nivel futbolístico fue que el cuadro de Cervera consiguió quebrantar el muro malacitano. Pared entre Manu Vallejo y Álex Fernández en la que los locales cometen un error de colocación importante. N’Diaye y Diego no se coordinan, con el fatal resultado de salir ambos al corte en lugar de seguir a Álex. Por otro lado, Pau Torres se encontraba muy lejos para realizar la cobertura y llegó tarde a taponar el golpeo, que finalmente acabó desviando.

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Pau Torres, la primera espada en la salida de balón desde atrás | Foto: Málaga CF

La segunda parte resultó ser un espejo en el que mirarse. Arrancó como un tiro el Málaga dando respuesta a todos los problemas padecidos anteriormente. El gol de Ricca hizo justicia a unos primeros 25 minutos de ritmo, continuidad en el juego, iniciativa ofensiva y sobre todo la aparición de la posición de mediapunta, de suma importancia y que merece análisis propio.

Paso atrás ante el Oviedo

Paupérrimo nivel del Málaga en el Carlos Tartiere a nivel creativo y ofensivo. Lacen haría de N’Diaye en el doble pivote. De nuevo el franco-argelino fue intrascendente con la pelota, frío y sin capacidad para romper líneas. En ocasiones se situaba en el lateral derecho en salida de balón emulando el papel de Alfred N’Diaye. Sin embargo, también alternaba con Adrián a la hora de situarse entre centrales y sacar la pelota como único pivote retrasado.

El Málaga fue gris, excesivamente conservador. Esperó al Oviedo en campo propio. Con la pelota, la bombilla se apagaba y tan solo Juanpi y Pacheco ofrecían algo diferente. Sin embargo, su rendimiento intermitente restaba continuidad a la ofensiva blanquiazul. La alternativa, buscar en largo a Blanco Leschuk, de nuevo desconectado en muchas fases del encuentro y con la sensación de que no se le está sacando el máximo partido. El argentino cae a banda, pugna los balones aéreos, descarga desde el centro y lo intenta durante todo el choque. Definió de forma exquisita de vaselina para el 0-1 que invalidó el colegiado pese a su posible posición legal.

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Intermitente Pacheco en el Carlos Tartiere | Foto: Málaga CF

Las ocasiones más claras fueron para el Oviedo, con hasta dos envíos al palo de la mano del joven Viti. En el primero el error recae sobre Ricca y Pau Torres, que no se coordinaron y salieron ambos al corte dejando el carril al jugador ovetense. En el segundo, es Adrián el que no sigue la marca y deja un océano entre la medular y la línea de cuatro defensas. Un empate gris que supone un paso atrás a lo visto en la segunda mitad ante el Cádiz. 

La figura del mediapunta en este Málaga

Con todo lo descrito anteriormente, existe una solución a priori clara: la aparición de los mediapunta. Cabría pensar que en el 4-4-2 de Muñiz no existe esa posición. Sin embargo, se trata de un rol que depende de la naturaleza del futbolista que ocupe posiciones avanzadas. En ese contexto, el técnico cuenta con Pacheco, Juanpi, Ontiveros y Renato, de características distintas.

Tras el descanso frente al Cádiz, Juanpi y Pacheco demostraron de lo que son capaces. Tras pasar desapercibidos en el primer acto, comenzaron a juguetear en zona de tres cuartos, entre líneas. Ambos tendían al centro y permitían a N’Diaye y Adriánpases romper líneas mientras los laterales ganaban metros en zona alta. En el minuto 49, tras una buena dejada de cara de Leschuk en una jugada combinativa, Juanpi encontró a Pacheco en la frontal, desde donde buscó el golpeo.

En la siguiente acción, Harper se vistió de Leschuk para descargar y Juanpi y Pacheco se intercambiaron los papeles. El venezolano gozó de una oportunidad de oro. Su disparo desde la frontal fue detenido por Cifuentes y el rechace, rematado por Harper, se convirtió en un gol anulado por fuera de juego. Pese a ello, los automatismos estaba ahí. Esa era la fórmula. Ante la falta de fluidez del doble pivote, laterales profundos y abiertos y los extremos tendiendo a la mediapunta para crear espacios y suponer un peligro constante para José Mari y Ander Garrido.


»El Málaga dispone de jugadores distintos que ofrecen alternativas


Con la entrada de Ontiveros, el equipo perdió presencia en esa zona entre líneas pero ganó desborde y velocidad. Jugadores distintos que ofrecen alternativas. Pero el fin debe ser el mismo: que los jugadores de banda en el 4-4-2 bajen a recibir, tiendan al centro, se involucren en la creación y solucionen esas carencias que se acentúan especialmente en N’Diaye. Tras el tanto de Ricca, el equipo perdió esa inercia ofensiva y trató de aguantar el triunfo. Es otra de las tendencias de Muñiz, que tantas veces le ha salido bien pero a su vez le ha supuesto perder puntos en los últimos minutos (Deportivo, Osasuna, Sporting, etc). En el choque ante el Nástic, por ejemplo, el cuadro malacitano sí que se protegió con la posesión en la segunda mitad. Ese puede ser un camino más que viable para que el Málaga dé el salto y pase a dominar los encuentros de principio a fin.

Ante el Oviedo el agitador fue precisamente Ontiveros. Pacheco y Juanpi aparecieron a ratos, pese a su constante intención de involucrarse desde el centro en la construcción. Muñiz dio entrada en el segundo acto a un Javier Ontiveros que saltó al césped con ganas de armarla. En su primer balón, encaró de fuera a dentro y disparó desviado. En la siguiente, lanzó un pase filtrado para romper líneas, justo lo que necesitaban los blanquiazules. Antes de terminar, dejaría para el recuerdo un sombrero soberbio desde la línea de fondo. No fue suficiente pero sus intentos fueron una constante.

En definitiva, resultados que no deben esconder las carencias en fase de creación y que a su vez deben invitar a Muñiz a explotar al máximo la tendencia de Juanpi y Pacheco a internarse por el centro y forzarles a que se involucren en la salida de balón desde atrás. El técnico cuenta con estas dos bazas, además de con un Ontiveros desequilibrante desde la izquierda y un Renato más extremo al uso, rápido desde la derecha y que ofrece otra cara. Muchos perfiles obligados a comenzar a carburar. 

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