Baño de realidad en Roma | Soccer City
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Baño de realidad en Roma

Eusebio Di Francesco está mostrando una cara dubitativa en su segundo año en Roma. El joven técnico da la sensación de no saber muy bien hacia dónde tiene que ir el equipo. Probaturas constantes en el modelo de juego y una continua inclusión de matices tácticos están dando como resultado que el equipo capitalino sea difícilmente reconocible.

No sólo a Di Francesco se le puede achacar que la Roma no sea todo lo competitiva que se podría esperar. La apuesta por Monchi en la dirección deportiva y el reajuste económico han dejado como consecuencia un equipo repleto de juventud, pero muy falto de experiencia.

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Eusebio Di Francesco en rueda de prensa | Foto: AS Roma

Pérdida de calidad

En las últimas tres temporadas, el equipo ha ido perdiendo paulatinamente talento en cada una de sus líneas y la salida de jugadores absolutamente capitales no se ha visto compensada con fichajes que hayan permitido al equipo no verse resentido. Desde el verano de 2016 han abandonado el Olímpico piezas de la talla de Miralem Pjanic, Leandro Paredes, Radja Nainggolan, Kevin Strootman, Antonio Rüdiger, Bruno Peres, Alisson Becker, Emerson Palmieri o Mohamed Salah.

Con la marcha de estos nombres la Roma ha sufrido una clara involución en su plantilla. Los relevos, hasta el momento, no han ofrecido ni la mitad del nivel de sus antecesores y el equipo ha bajado el nivel. Monchi ha ido centrando sus esfuerzos en confeccionar un plantel compensado y con opciones para el técnico, pero la faltan certezas.

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Monchi sentado en un banquillo del Olímpico | Foto: AS Roma

El director deportivo ha acudido al mercado con su sello de identidad por delante y la Roma ha firmado a dos tipos de perfiles muy definidos. Por un lado, jugadores de segunda fila como Olsen, Marcano, Santon o Juan Jesús y el otro perfil- que es la línea que ha marcado el club- es el de jugadores jóvenes llamados a romper en un futuro como Cengiz Ünder, Ante Coric, Lorenzo Pellegrini, Bryan Cristante, Justin Kluivert o Patrick Schick. Esta mezcla deja una plantilla diseñada para ser fiable a largo plazo, pero que a día de hoy es muy complicado que pueda mirar de tú a tú a sus rivales directos.

Falta de identidad

Si Di Francesco está sentando en el banquillo de la Roma es por el encomiable trabajo que realizó con el Sassuolo. Aquel Sassuolo era un equipo con unos rasgos de identidad muy definidos, que con una plantilla de nivel inferior, llegó incluso a Europa y que atraía al espectador por practicar un fútbol divertido.

Era interesante ver de qué sería capaz el entrenador en un equipo superior y con más posibilidades a su mano. Sin embargo, sólo durante el comienzo de la pasada temporada Di Francesco intentó implantar su estilo de juego en Roma. Cuando fueron pasando los meses, el equipo dejó de parecerse a su técnico y fue derivando hacia un modelo más pragmático y menos vistoso.

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El equipo celebra un gol esta temporada | Foto: AS Roma

Este curso ha sido cuando definitivamente no se reconoce a la Roma como un equipo de Di Francesco y, de hecho, realmente no se sabe muy bien qué es a lo que juega el equipo. Cada semana vemos a una Roma diferente sobre el terreno de juego. Tanto en el Sassuolo como en sus primeros compases en Roma, Di Francesco siempre propuso que el equipo fuera agresivo en la presión, que jugara en un bloque medio alto, que hubiera un ritmo alto de encuentro y que sobre el césped hubiera la mayor cantidad de talento posible.

A dia de hoy, todos estos matices tácticos aparecen, sí, pero más bien a cuentagotas y se intuye que si el técnico ha ido virando hacia otro estilo diferente, ha sido más bien por las malas sensaciones en cuanto al juego, que porque realmente él lo pretendiera. La Roma cambia constantemente tanto en fondo como en forma y eso es algo que repercute negativamente en el devenir del equipo.

Dzeko y Zaniolo como bazas a las que agarrarse

Dentro de un grupo envuelto de juventud, los llamados a tirar del carro por veteranía y experiencia tampoco están pasando por su mejor momento y éste está siendo otro de los handicaps que nos define el irregular curso capitalino. Sólo Manolas mantiene un nivel óptimo y él sólo ha comandando una zaga en horas bajas. No obstante, otros como Florenzi, Fazio, Kolarov, De Rossi o Nzonzi están mostrando más dudas de las esperadas y ninguno está aportando ese plus de tranquilidad y mesura del cual el equipo necesita contagiarse en ciertos momentos.

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Aleksandar Kolarov no está haciendo su mejor temporada | Foto: AS Roma

Al final, sólo dos hombres están mostrando la regularidad y constancia necesaria,  Dzeko y Zaniolo. Dos caras bien diferentes de la moneda que representan mejor que nadie qué es actualmente la Roma y que son las dos mejores cartas que tiene sobre la mesa Di Francesco.

El bosnio, a pesar de que sus guarismos de cara a gol han bajado con respecto al curso pasado, sigue siendo el elemento clave para ordenar al equipo en campo contrario. La madurez de su juego es cada vez más característica y ya no sólo es un punta que se centre única y exclusivamente en el remate, sino que sus movimientos fuera del área permiten oxigenar el juego del equipo, poner de cara a la gente de segunda línea y habilitar espacios para mover a las defensas rivales.

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Dzeko y Zaniolo son la gran esperanza de la Roma este curso | Foto: AS Roma

Por otro lado está Zaniolo. La gran irrupción de la Serie A este curso está dejando exhibiciones semana tras semana y el jovencísimo italiano es ahora mismo el faro de luz en el ataque de la Roma. Zaniolo, bien como extremo o bien como mediapunta, le está permitiendo al equipo encontrar siempre a un jugador al que darle el balón cuando se cruza la línea divisoria. Una vez que Zaniolo recibe, ocurren cosas. Su zancada, capacidad para dotar de creatividad cada posesión y, sobre todo, su inventiva son ahora mismo el principal foco ofensivo de los Giallorossi.

¿Jugó la Roma el curso pasado por encima de sus posibilidades? Muy probablemente. Era casi utópico disputar unas semifinales de Champions y competir a tan buen nivel en Serie A. Quizás fue un espejismo y la realidad es lo que se ve este curso, un equipo al que hay que darle tiempo y en el cual las expectativas y objetivos deben marcarse con los pies bien anclados en el suelo.

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