Rayo Vallecano: El regreso de la franja a Primera | Soccer City
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Rayo Vallecano: El regreso de la franja a Primera

Un descenso doloroso, un coqueteo con la Segunda B y un resurgir meteórico. El Rayo Vallecano atravesó años de mucha inestabilidad y taquicardias, pero a la franja nunca se la puede dar por muerta, porque la franja siempre vuelve. La sensacional mano de Míchel ‘I’ de Vallecas devolvió el alma y la garra a un equipo y un barrio que, unidos, retronaron como nunca

El Rayo Vallecano, sin prisa y con buena letra, cimentó un proyecto sólido que aspiraba a volver a la élite del fútbol español, y lo hizo, además, de la manera más brillante posible. Bajo el talento de jugadores como Raúl De Tomás, Fran Beltrán, Álex Moreno u Óscar Trejo, el humilde barrio madrileño alcanzó la cifra de 76 puntos, tocó el cielo y levantó su primer título de Segunda División.

Ahora, de vuelta en Primera, las ilusiones y esperanzas están por las nubes, pero la competición ya se vive con la lección aprendida de otros años. Se percibe más templanza y serenidad en un equipo con licencia para soñar, pero que sabe que debe ir paso a paso para lograr sus objetivos. Míchel y los suyos devolvieron al Rayo a Primera; Míchel y los suyos, ahora, deben demostrar que verdaderamente son de Primera.

La temporada 2017/18: ascenso, título e historia

El proyecto franjirrojo fijó desde muy pronto su objetivo: regresar a Primera División. El toque de calma y experiencia de Míchel desde el banquillo fue clave para equilibrar a un equipo que pronto dejaría un sello de identidad en la categoría. El año será recordado por numerables actuaciones individuales que formaron un equipo histórico.

Raúl De Tomás logró la espectacular cifra de 24 goles; Fran Beltrán, con su mayoría de edad casi recién cumplida, comandó a los suyos desde el medio con una jerarquía y valentía a destacar, Unai López se erigió como la revelación desde la medular, siendo un todoterreno marca ‘Lezama’ que se echará de menos en Payaso Fofó, y Alberto García, un recién llegado desde el vecino azulón -Getafe CF- se enfundó el brazalete de capitán para enamorar a la afición con su compromiso, valores y, como no, paradas.

El Rayo Vallecano tenía identidad propia, era el Rayo en su totalidad y la afición se volcó desde el principio. Los franjirrojos regalaron a los amantes del fútbol una batalla trepidante en lo más alto de la tabla contra el Huesca y el Sporting, competidores directos por los únicos puestos de ascenso directo que existen.

Ninguno quería disputar el fatídico Play-Off de ascenso y sabían que para evadirlo no se podía regalar absolutamente nada. El Rayo se hizo fuerte en la segunda posición y a pesar de tropezar en El Molinón contra el Sporting -bache que despertó las dudas de gran parte de la afición- la afición se consolidó y, consciente de que la ambición en el vestuario seguía intocable, decidió unirse más que nunca. El objetivo no se podía escapar.


«La afición se consolidó y, consciente de que la ambición en el vestuario seguía intocable, decidió unirse más que nunca


El olfato goleador de Raúl De Tomás no falló y tras un final de temporada para enmarcar, el Rayo no sólo logró cerrar el ascenso directo, sino que se colocó primero en la tabla, posición que abría otro frente, ¿Y si se ganaba la liga?. Desde la prudencia pero con la ilusión por las nubes el barrió remó y remó contra corriente, y con una tímida pero heroica victoria en casa ante el Lugo certificó algo que nunca había pasado en casi 100 años de historia, el Rayo Vallecano de Míchel, Beltrán, De Tomás, Unai López, Álex Moreno, Abdoulaye, Embarba y compañía, era campeón de Segunda División.

Míchel obró el milagro y ya es un héroe, pero ahora debe convencer en Primera División

Es el máximo goleador de la historia del club (67 tantos), posee la imagen del eterno capitán que luchó por la franja cada vez que se la enfundó y ahora comanda a los suyos desde el banquillo. Míchel ‘I’ de Vallecas llegó al primer equipo a principios de 2017, sucediendo a Rubén Baraja y convirtiéndose en el tercer técnico ya de aquella temporada -inicialmente estuvo José Ramón Sandoval-. El Rayo estaba coqueteando con el descenso a Segunda B y el pesimismo en la afición cada vez era mayor, pero él supo revertir la situación, mantuvo la categoría y calmó unas aguas demasiado revueltas.

A partir de ahí, desde la templanza y el trabajo, generó una ola de ilusión en el club, que formó un sólido bloque en el vestuario y una masa social admirable en la grada. Bajo esa fórmula Vallecas hace maravillas, y el ascenso llegó. Míchel logró que todo lo negro se convirtiese en blanco, que el pesimismo fuese ilusión y que el Rayo Vallecano volviese a Primera División. Míchel ya es un héroe, pero ahora, ahí, en la élite, es donde debe demostrar el gran entrenador que es. Donde debe mostrarle al mundo que es capaz de salvar a un equipo del caos, ascenderlo a lo más alto y mantenerlo junto a los gigantes. Es su próxima misión: convencer en Primera División.

La plantilla

La portería posee a una de las figuras que más pasión y ganas le ha puesto a la franja en los últimos años: Alberto García, su rendimiento en Primera está muy cuestionado, hasta el punto que podría perder el puesto, pero el cariño que se le tiene es innegable. La marcha de Amaya, además, le ha convertido oficialmente en el primer capitán del equipo. Sobre el papel, Stole Dimitrievski debería ser el guardameta titular. El macedonio firmó su cesión el último día de mercado y llega con el cartel de haber sido uno de los mejores porteros de Segunda División.

Rayo Vallecano Soccer City

Alineación del Rayo Vallecano ante el Sevilla | Foto: Rayo Vallecano.

Defensivamente hablando hay buenos nombres, pero sigue la inseguridad de siempre. Advíncula debería erigirse en el lateral derecho tras su gran Mundial con Perú; Gálvez y Amat están llamados a formar un tándem en el centro de la zaga que frene a los más grandes; y Álex Moreno, autor del gol del ascenso, será el encargado de galopar por el lateral izquierdo, posición en la que se asentó la temporada pasada y donde se ha hecho insustituible.

La medular tiene grandes jugadores: Trejo continuará capitaneando en la sombra desde la mediapunta; Kakuta, Embarba y Álvaro García -fichaje más caro de la historia del Rayo- deberán batallar por dos puestos en la bandas. A priori el francés es indiscutible. El portugués Bebé parte como cuarto extremo. Y en el centro, Giannelli Imbula, de 25 años, está llamado a dar un paso adelante y sacar a relucir la fuerza que tanto le caracteriza y que le llevó a fichar por equipos como el Stoke City, Oporto o Marsella.

Arriba ya no hay debate. Raúl De Tomás regresó a tierras vallecanas y será el delantero titular del mismo equipo con el que tocó el cielo. Difícil será para él igualar la cifra de 24 goles que cosechó la temporada pasada, pero partido a partido y con un utópico ‘Zarra’ entre ceja y ceja tratará de aportar su grano de arena para escalar una montaña aún más alta que la de la pasada campaña.


«Arriba ya no hay debate. Raúl De Tomás regresó a tierras vallecanas y será el delantero titular del mismo equipo con el que tocó el cielo


Desde el banquillo las garantías son notables. Velázquez, Abdoulaye y Dorado pugnarán por el puesto de tercer central; en el medio Santi Comesaña deberá demostrar que su despliegue físico y sacrificio posicional son válidos también para Primera División; y en la delantera hay muchas esperanzas en el joven Sergio Moreno, que ya tuvo minutos -e incluso una ocasión milagrosa- en el Wanda Metropolitano y que deberá demostrar que puede ser el delantero suplente por delante de Álex Alegría. Pocas ilusiones despiertan jugadores como Lass, Elustondo o Javi Guerra, que atraviesan ya varios años sin aportar rendimiento ni galones.

¿Cómo juega el Rayo Vallecano?

El Rayo Vallecano juega un clásico 4-2-3-1 con una posible variación a 4-3-3, en función de las ayudas defensivas y repliegues que realice el mediapunta. Coloca un centrocampista más organizador y otro más corredor, lo que en Inglaterra -donde saben un poco de esto- califican como ‘box to box‘. Por delante, dos bandas que deben sacrificarse defensivamente -ahí Embarba gana y Kakuta pierde- y un delantero con capacidad para ser vertical en pases en profundidad pero con la suficiente corpulencia para aguantar balones y bajar el juego cuando el partido lo demande.

Míchel apuesta por un estilo de toque peculiar y casi innegociable. El balón se juega en corto desde atrás, donde comenzará a crearse y a cocinarse poco a poco la jugada, llegando incluso a tomar más riesgos de lo normal. El ‘pelotazo’ está permitido, pero sólo debe ser un recurso en caso de extrema necesidad. Los centrocampistas deben coordinarse, de forma que el organizador se inserte entre los centrales para generar superioridad numérica en la salida de balón y el corredor le supla para poder robar rápidamente en caso de pérdida. El sacrificio de los extremos para bajar a recibir es clave de cara a sacar el balón jugado satisfactoriamente.


«Míchel apuesta por un estilo de toque peculiar y casi innegociable


Una vez que se ha atravesado el campo propio, el equipo se coloca en 4-2-3-1 y busca alternativas para acercarse al gol. Los disparos desde fuera del área son escasos, siendo las internadas por banda con centros rasos o a media altura las ocasiones que más abundan. Si el balón queda ‘muerto’, se acaba jugada; nunca deben concederse contraataques.

Objetivo

La temporada se mide en Vallecas desde el realismo de lo que es ascender tras varios años de inestabilidad y dudas, estando el objetivo muy claro: salvarse. Si bien es cierto que la ilusión por hacer algo grande siempre podrá aparecer si las matemáticas invitan a ello, la situación extradeportiva y la dureza de la competición hacen que, de mantener la categoría, se califique el año de bueno. Las cosas grandes se cocinan a fuego lento, con paciencia, y esa es la lección que más se ha aprendido en Vallecas. Junto con la de que la franja, por más que la den por muerta, nunca muere, claro.

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