Un PSG sin identidad | Soccer City
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Un PSG sin identidad

La eliminación de los octavos de la Champions por tercer año consecutivo ha vuelto a evidenciar que el PSG tiene un problema tremebundo a la hora de competir en Europa. Ni el dinero de Al-Khelaïfi para fichar a los mejores del mundo ha sido suficiente para revertir su participación en Champions.

El PSG comenzó su proyecto multimillonario en 2011. La llegada de Nasser Al-Khelaïfi a la capital francesa supuso una revolución para el fútbol francés. El equipo parisino, fundado en 1970 tras varias fusiones con el objetivo de ser el primer equipo de París, se puso como objetivo ser el mejor equipo de Europa. Tras ocho años de inversiones masivas, lo cierto es que hoy en día sigue sin encontrar un nombre en la élite.

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Al-Khelaïfi llegó al PSG para ganar la Champions | Foto: PSG

Al-Khelaïfi, desde su llegada, tuvo un objetivo preponderado: ganar la Champions LeagueQue una de las capitales con más glamour y más importantes de Europa no tuviera todavía una orejona era un claro error para la historia del fútbol. Por ello, desde el primer día, los fichajes que empezó a efectuar el jeque no dejaron indiferente a absolutamente nadie.

Transición Kombouaré-Ancelotti fallida.

Tras su llegada al PSG, los primeros años de Al-Khelaïfi fueron de probaturas, pero haciendo fichajes importantes. Los primeros en llegar fueron Javier Pastore, Mènez, Alex para reforzar la defensa o Matuidi. No eran fichajes de talla mundial, pero para competir en Europa, primero tenían que hacer frente a los mejores equipos en Francia. No fue sencillo, pues en la primera temporada, el, PSG ya perdió su primera liga.

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El PSG fichó a Ancelotti para ganar la Champions | Foto: AC Milán

El Montpellier, en 2012, se proclamó campeón de la Ligue 1. El equipo entrenado por Girard hizo frente al proyecto más ilusionante del PSG y consiguió ganar la liga contra todo pronóstico. En medio de la competición, cuando el PSG iba líder, Al-Khelaïfi decidió destituir a Kombouaré por su ridículo en la Europa League y puso a Ancelotti de entrenador. El italiano, sin embargo, no dio la talla en una de sus criptonitas: las ligas.

La primera revolución llegó en la 2012/2013. Tras una liga en la que el PSG fracasó estrepitosamente, el objetivo a medio plazo ya era competir a nivel nacional y europeo tras un ridículo descomunal en su primera temporada. Al-Khelaïfi tiró la casa por el tejado y trajo a futbolistas contrastados como Thiago Silva, Ibrahimovic, Maxwell o una joven promesa como Verratti para comandar el centro del campo parisino.

Carlo Ancelotti, con todo a su favor, realizó una campaña magnífica. En la Ligue 1, el equipo respondió y no dio tregua a nadie. Por otra parte, en la Champions League, el equipo pasó sin apuros la fase de grupos y dio, con Ancelotti en el banquillo haciendo de jerarca, un recital ante el Valencia en los octavos de final de la Champions. Todo iba viento en popa y en cuartos, esperaba un Barcelona.

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Fichajes como el de Ibrahimovic supusieron una revolución en París | Foto: PSG

El PSG compitió de forma espectacular ante el Barcelona. En la ida, un 2-2 dejó todo abierto para la vuelta pero ahí empezó a mandar un mensaje de que tenía equipo para competir contra cualquiera. Sin embargo, en la vuelta, a pesar de la lesión y la suplencia de Messi, el Barcelona demostró tener una identidad que al PSG le faltaba en los momentos clave.

Tras el 0-1 del PSG, el equipo de Ancelotti, contra un Barcelona que ya estaba contra las cuerdas, comenzó a retroceder muchos metros hacia atrás. Eso permitió al Barcelona ganar mucha presencia en campo contrario. Messi entró en la segunda mitad y condenó a un PSG sin mordiente en ataque y con problemas defensivos a ultranza. El 1-1 final dejó con la miel en los labios a los de Ancelotti, que rozaron la clasificación.

Carlo Ancelotti firmó por el Real Madrid en 2013. El PSG se puso manos a la obra y trajo a Laurent Blanc, entrenador que había ganado la Ligue 1 con el Bordeaux con un fútbol vistoso y que había fracasado con la selección francesa tras ser eliminado en cuartos de la EURO de 2012. El objetivo era traer un entrenador conocedor del fútbol francés y de las interioridades de los equipos.

La maldición de cuartos de final otra vez

El PSG no hizo verdaderas revoluciones con Blanc. El ex entrenador del Bordeaux diseñó un fútbol de posición que quizás fue el mejor fútbol que se ha visto en los últimos 30 años en la Ligue 1. El centro del campo, formado por Thiago Motta, Marco Verratti y Blaise Matuidi fue una de sus principales armas para ser el mejor equipo de Francia. Nadie pudo con ellos, a tal punto de ganar con Blanc todos los títulos nacionales en cada temporada.

Pero de poco servía arrasar en Francia, con una facilidad pasmosa (el PSG de Blanc batió todos los récords en la Ligue 1 con Blanc) si luego en Europa no dabas la talla en los momentos clave. En su primera temporada en el banquillo, el PSG consiguió ser líder en la fase de grupos tras un bombo con suerte y la fase final la afrontaba en el mejor momento de la temporada, con un fútbol tremendo.

Arrasó en octavos al Bayer Leverkusen con un partido en Alemania en el que muchos ya lo postulaban como favorito a la Champions League y llegaría el Chelsea en cuartos. El partido en París volvió a afirmar que el PSG se tomaba muy en serio la Champions. Una demostración de fútbol total, ganando 3-1 al Chelsea y con un Javier Pastore desatado hacían soñar a más de uno con una hipotética Champions para el PSG.

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Motta se erigió como el líder del PSG de Blanc en el medio | Foto: PSG

Pero, Laurent Blanc ya demostró su primer síntoma de debilidad en la vuelta. El PSG estuvo 1-0 en contra durante prácticamente todo el partido y el técnico francés, que había fracasado con la selección en 2012 por jugar con dos laterales ante España, se echó atrás de una forma estrepitosa a tal punto de que en el descuento, Demba-Ba marcaba el gol que ponía otra vez en entredicho la identidad parisina.

Blanc intentó enmendar su error una temporada después. El PSG hizo frente al Barcelona en la fase de grupos aunque el equipo entrenado por Luis Enrique terminó como líder de grupo tras un 3-1 en el Camp Nou. Pero lo verdaderamente gratificante para él llegaría en Londres, ante el Chelsea, el rival que una temporada anterior le había eliminado de cuartos.

Con un jugador menos, el PSG fue valiente por fin en la vuelta de Champions y se llevó la eliminatoria ante el Chelsea. El equipo llegaba en la mejor forma posible para otro enfrentamiento de cuartos ante el Barcelona, rival que le había derrotado siempre en esta competición pero que a la tercera podía ir la vencida. Pero volverían los problemas para Blanc.

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Suárez destrozó a David Luiz en el segundo año de Blanc en cuartos de Champions | Foto: PSG

El PSG no pudo disputar la ida de los cuartos ante el Barcelona con toda su artillería. A las bajas importantes de Marco Verratti -eje del medio de Blanc- y de Aurier, el PSG vio como Ibrahimovic se lesionaba en el tramo decisivo de la temporada. Es decir, con 4 bajas fundamentales, el PSG afrontó una eliminatoria de máxima exigencia y, finalmente, los malos presagios se confirmaron.

Un 1-3 en París con un Luis Suárez destrozando a David Luiz, que había sido el defensa estrella fichado en verano, fueron suficientes para destrozar a un PSG sin carácter. Pesos pesados como Thiago Silva, Maxwell o Motta no demostraron el carácter necesario en un proyecto que fue de lo más estable del PSG hasta la fecha. Su juego de posición, reconocido por Europa, se fue por la borda otra vez.

Cuando parecía que el PSG se recuperaba en la 2015/2016 -cada vez menos inversiones en el mercado, destacando la de Ángel Di María-, Blanc volvió a caer en la trampa que le había hecho salir de la selección francesa. Otra victoria de prestigio en octavos ante el Chelsea con una valentía tremebunda, el PSG afrontó los cuartos ante un Manchester City que no estaba dejando buenas prestaciones en la temporada.

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Laurent Blanc fracasó en el PSG por sus planteamientos defensivos | Foto: PSG

La ida fue caótica para el PSG. Con un sinfín de ocasiones, los de Blanc perdonaron lo que no estaba escrito para terminar el partido con un 2-2. La vuelta sin duda condenó a Blanc, pero quizás, las lesiones le volvieron a jugar una mala pasada. Pese al 2-2 de la ida, los parisinos llegaron al Etihad con la vitola de favoritos y con la necesidad de una vez por todas de jugar las semifinales de Champions.

Blanc, en otra de sus locuras que le vienen a la cabeza, jugó con un sistema inédito. Colocó a Aurier de central, jugó con 3 centrales -inutilizado durante toda la temporada- y acabó siendo derrotado con un sistema ultradefensivo. Eso sí, Blanc no pudo jugar ni con Verratti, Matuidi y Motta -lesionado en el partido-, lo que le limitó mucho pero no fue excusa. Se dedicó con jugadores ofensivos a defender durante todo el partido.

Laurent Blanc terminó en 2016 su periplo en el PSG. Sus condenados sistemas defensivos en las citas grandes, las lesiones y la falta de carácter en muchas facetas dinamitaron su paso por la capital parisina. Era el tiempo de Unai Emery.

Ni con Neymar ni Mbappé se pudo

Las 3 Europa League consecutivas y su gran lectura de eliminatorias fue lo que llamó la atención del PSG para fichar a Emery. El técnico vasco firmó por dos temporadas con el objetivo de sus antecesores: ganar la Champions League. No sería sencillo, ya que el equipo había mostrado una falta de carácter y de identidad desorbitada, pero Emery parecía ideal para enderezar el rumbo.

Sin fichajes de renombre en su primera temporada en el PSG, Emery tuvo a todos en contra. Primero, la prensa francesa, acostumbrada a criticar el producto importado, se dedicó a llamarle pirómano por sus continuos cambios de sistema. Segundo, el vestuario. Emery tenía unos métodos de trabajo singulares en el que ningún jugador se sentía cómodo.

Prueba de su falta de peso en el vestuario se ejemplificó con Ben Arfa y Krychowiak. El primero llegó como estrella tras su paso por el Nice pero desde octubre de la primera temporada en París ,desapareció de las convocatorias por desavenencias con Emery. Krychowiak, petición expresa de Emery, fue condenado por sus errores en partidos importantes. Jugadores que podían sumar se le echaron en contra al técnico.

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Ben Arfa y Emery ejemplificaron el principio del poco peso del vestuario del técnico en París | Foto: PSG

Pero si con Blanc el PSG arrasó en Francia, con Emery no fue así. El técnico se encontró con dos equipos inesperados: El OGC Nice de Favre y el Mónaco de Jardim. Dos equipos que le pintaron la cara al PSG en Ligue 1 y que provocó que el Mónaco tuviera opciones de Ligue 1 por primera vez desde hace mucho tiempo. Una liga en la que Emery no consiguió una sola victoria ante los 3 primeros de la Ligue 1, cosa que ya dice mucho.

Con una Ligue 1 disputada y sin nadie a favor de Emery, el PSG volvió a dejar dudas en la Champions. No perdió ante el Arsenal, pero con todo a su favor en la última jornada, se encerró en un laberinto. Empató ante el Ludogorets a 2 y terminó la fase de grupos en segundo lugar. Eso provocaría que en octavos volviera a entrar en escena la bestia negra en Champions del equipo: el Barcelona.

El fichaje de Draxler en invierno le dio un salto cualitativo a la plantilla. Emery, criticado por su poco hacer en los partidos grandes a lo largo de toda su carrera, diseñó un partido brutal en la ida. Presión muy alta al Barcelona, le quitó incluso la posesión y situaciones de 1 vs 1 en bandas para romper a los laterales rivales. El 4-0 final demostró que el PSG esta vez podía de una vez por todas asaltar a todos los equipos.


»Emery diseñó un partido brutal en la ida frente al Barça


Con la euforia desatada, en la semana previa al partido ante el Barcelona, comenzaron los problemas. Un vídeo subido por Canal Plus Francia mostró a Verratti, Matuidi, Meunier y otros compañeros comiendo pizza en un bar. Verratti, que había sido pillado fumando en un casino tras perder ante el Nice, firmó perder 5-1 el partido y pasar. O sea, en ese momento se vio el gen poco ganador del jugador del PSG.

El PSG firmó en Barcelona uno de los mayores ridículos de la historia de Europa. El 6-1 final reflejó el planteamiento del técnico, desbordado en todo momento y con una encerrona que recordó a Laurent Blanc por momentos. Cierto que tuvo muy mala fortuna -3 goles llegan en los 6 minutos finales-, pero la falta de Verratti a Ter-stegen de espaldas en el 95′ evidenció lo comentado en el párrafo anterior.

Jugadores sin ganas, sin carácter y encogidos por el escenario fueron los principales motivos de la debacle del PSG. A Emery todavía le faltaba tiempo para ver como el Mónaco de Jardim, que pisó las semifinales de Champions esa temporada, le arrebataba la Ligue 1 y volvía a poner en entredicho a un Emery que se jugaba en su última temporada su último cartucho para intentar enmendar un ridículo terrenal.

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Neymar fue la inversión más grande del jeque en París | Foto: PSG

Para evitar más ridículos, Nasser Al-Khelaïfi realizó su mayor inversión desde que llegó al PSG. Los fichajes de Neymar y Mbappé, en los que gastó 400 millones, fueron un punto de inflexión para un proyecto que parecía estancado. Neymar, héroe una temporada antes con el Barcelona en el 6-1, llegaba a París para ser el líder con carácter anhelado. Con él, Dani Alves también llegaba para aumentar la competitividad en el equipo.

El PSG recuperó pronto el trono en la Ligue 1. Masacró a todos sus rivales con un Neymar estelar y con un Mbappé consagrado como el mejor jugador joven de Europa. En Champions, el equipo firmó una fase de grupos casi perfecta. Batió el récord de goles pero el primer aviso se lo llevó en Alemania, cuando el Bayern le pintó la cara y el PSG, que había ganado 3-0 en París, sufrió en sus carnes el preludio de lo que sería octavos.

Ni terminar primero de grupo le sirvió al PSG para evitar al Real Madrid. El doble campeón de Europa, fuera de Liga y Copa a las primeras de cambio, veía en la Champions la oportunidad perfecta para redimirse. Los problemas comenzaron en el Bernabéu, y eso que el partido, en un principio, se había desarrollado de una forma muy favorable para el PSG.


»Los problemas comenzaron en el Bernabéu


Con un 0-1 a favor, el PSG tuvo durante mucho tiempo contra las cuerdas al Real Madrid. Las alarmas internas llegaron en el calentamiento, cuando Thiago Silva, capitán del equipo, se negó a calentar con sus compañeros ante la decisión de Emery de alinear a Kimpembe antes que el brasileño. Pero sin embargo, el equipo estaba funcionando muy bien.

La decisión de Emery de poner a Lo Celso de «5» (por petición de Rabiot, que se negó a jugar ahí y le costó no ir al Mundial) no funcionó del todo bien. El empate del Real Madrid, tras un inocente penalti del argentino a Kroos, fue el inicio del fin para el PSG en Madrid. Luego, en la segunda mitad, fueron 30′ muy productivos, hasta que Emery cayó en su propia trampa.

Emery en Sevilla terminaba muchos partidos con dos laterales (Coke-Mariano) y en el PSG, siempre metía a Meunier con Alves para aguantar resultados. Con 1-1, el técnico cambió a Meunier por Cavani y el equipo comenzó a perder metros. El Real Madrid llegó con Asensio y Marcelo dos veces por esa banda para terminar ganando 3-1 con dos goles de Cristiano que volvieron a poner al PSG contra las cuerdas.

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Emery salió tocado del PSG tras perder en octavos de Champions durante dos temporadas seguidas | Foto: PSG

Durante muchas semanas, el PSG, un equipo sin identidad, apeló a su lema «Dream-Bigger» en las redes sociales. Que un equipo tenga que animar a los aficionados a ir al campo ante un club como el Real Madrid ya daba muestra de lo poco que funciona el dinero si no se sabe luego congeniar al aficionado con el equipo. Todos creyeron en una remontada que nunca existió. La lesión de Neymar para toda la temporada frenó este aliento final.

El Real Madrid ganó en París 1-2 en otra demostración de noche grande de Copa de Europa, cosa que al PSG le falta. Mbappé, Verratti, Thiago Silva y otros muchos futbolistas, como en años anteriores, volvieron a mostrar una rabia que no dejó indiferente ya a nadie. La falta de carácter del PSG se fraguó otra temporada más y esta vez con la mayor inversión de su historia en un verano.

Emery se marchaba por la puerta de atrás del PSG. Si con Blanc, sus planteamientos defensivos en momentos clave le habían condenado, al ex técnico del Sevilla, sus decisiones incomprensibles, su poco peso dentro del vestuario y los errores en toma de decisiones le condenaron sin duda en dos años muy ácidos para Emery.

Tuchel gana peso táctico pero se difumina otra vez en Europa

Thomas Tuchel era el prototipo perfecto de entrenador para cambiar el PSG. Tras varias temporadas de inestabilidad, Al-Khelaïfi depositó su confianza en un entrenador caracterizado por su riqueza táctica. Las pocas variantes ofrecidas por Emery y Blanc dejaron en entredicho el banquillo del PSG, y Tuchel era idóneo para revertir una situación casi insalvable en los últimos años.

Sin muchas revoluciones en el mercado de invierno -lo más destacable fue la llegada de Buffon y Bernat-, Tuchel comenzó con bastantes dudas en París. Precisamente, sus variaciones de sistemas dejaron muchísimas dudas a los aficionados, aunque comenzó ganando todo en la Ligue 1. Se afianzó el resultadismo sin brillar que dominios excesivos de juego.

Una de las piedras en verano sin duda fue la retirada de Thiago Motta. Uno de los pilares del PSG con el jeque anunciaba su retirada y el PSG, pensando más en las estrellas que en moldear un equipo, se olvidó de ficharle un recambio. Ni Lass Diarra ni muchos otros medios dieron el nivel para suplirlo y Tuchel encontró ahí un abismo que casi le cuesta la eliminación en Champions.

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El PSG fichó a Tuchel por su riqueza táctica para enmendar los errores del pasado | Foto: PSG

Asentado con un sistema de 3 centrales, Tuchel comenzó a añorar a Motta en la primera jornada de Champions. El PSG visitó Anfield y ahí, el alemán terminó colocando a Marquinhos de medio centro. El brasileño, perdido, cuajó un partido muy flojo y el PSG, que estaba con el Napoli también en el grupo, sufrió una dolorosa derrota que encendió las alarmas dentro del seno parisino. Terminó en invierno fichando a Paredes el cual no jugó de titular en Champions ante el Manchester.

Ante la falta de control defensivo en el medio, Tuchel decidió introducir una variación táctica que le dio mucho al equipo: colocar a Verratti solo en la base (Adrien Rabiot estaba apartado del equipo por sus continuas faltas de disciplina), estirar a todo el equipo lejos del italiano y jugar con Neymar de media punta para recibir siempre de cara los envíos del ex del Pescara.

Con este sistema, el PSG dormía los partidos con Verratti en la base. Su gran aguante de balón permitió a los parisinos defender con la pelota y, cuando el equipo rival salía a presionarle, romper con un pase entre líneas para que Neymar cambiara de ritmo. Fue así como el conjunto de Tuchel llegó a octavos de infarto ante Napoli y Liverpool y fue así como el proyectó comenzó a asentarse.

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Verratti fue el sostén del sistema de Tuchel para dormir los ritmos de los partidos | Foto: PSG

Porque Tuchel, además de moldear un sistema táctico en el que los carrileros jugaban a la altura de los delanteros y los extremos poblaban el centro del campo, dio cancha a muchos jugadores. Jóvenes como Moussa Diaby, Nkunku o Kehrer gozaron de la confianza del técnico y permitieron mantener enchufado al equipo en todos los partidos. Ahí también se notó la mano de un Tuchel que, tocaba los sistemas en medio del partido.

En Champions, el PSG presentó su candidatura a la Champions League tras ganar 0-2 ante el Manchester. Refrendando lo que comentábamos, era el PSG más equipo y menos dependiente de individualidades de los últimos años. En dicho encuentro, los parisinos ganaron sin Neymar ni Cavani y con Marquinhos de medio, pero todo al son de Marco Verratti, quien dominó los tiempos a su antojo en el centro del campo.

Las diez bajas con las que el Manchester United iba a viajar a París daban aún más la vitola de favoritos al conjunto francés. Pero, por arte de magia, un miedo invisible entró en el PSG. Como si de años atrás se tratara, el PSG regaló un partido en el que su rival ni fue superior ni dio una exhibición. Desde el 0-1 con el regalo de Kehrer a Lukaku, todo fueron problemas.


»El PSG regaló un partido en el que su rival no fue superior


Porque en Europa, el Manchester United, a pesar de las infinitas bajas y de tener a dos chavales del filial como cambios, demostró tener una grandeza que el PSG no demostró. Ni Buffon, jugador más experimentado del equipo, se salvó de la hecatombe con una cantada monumental en el 35′ para que el Manchester United soñara con lo imposible que finalmente pasaría.

Un central con Copas de Europa a sus espaldas habría ido a un disparo en el minuto 91′ de una forma mucho menos vehemente, pero al joven Kimpembe le pasó factura la maldición parisina en Europa y sacó sus manos a pasear en un disparo de Dalot al final. El VAR confirmó el penalti y el PSG volvía a perder en octavos de Champions en otra actuación ridícula de las que nadie se salva.

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El PSG volvió a caer eliminado en octavos en una actuación muy floja | Foto: PSG

Otro aspecto a destacar es la poca autocrítica parisina. En todas las eliminaciones en octavos de las 3 que llevas, tanto Al-Khelaïfi como el entrenador han salpicado la culpa de la misma a factores externos: desde árbitros hasta menosprecios al rival por su partido defensivo sin hacer un análisis de qué ha pasado para que el PSG vuelva a caer en octavos de la máxima competición europea.

Porque por mucho dinero que se gasten, porque por muchas estrellas que lleguen a París, un equipo se forja a partir de contextos negativos y a raíz de ello se gana la experiencia. El PSG no tiene ni una cosa ni la otra. Porque en vez de salir fortificado de las derrotas como lo han hecho muchos equipos en Champions, tiene que remar desde cero y pensar ya en febrero de 2020, porque en la Ligue 1 poco importa lo que hagas o dejes de hacer.

Tuchel ya ha pasado por la pesadilla de Ancelotti, Blanc y Emery. El alemán tendrá que generar un ecosistema favorable en los próximos meses y armar un proyecto que convenza a estrellas como Mbappé, Cavani o Verratti de que en París si se puede ganar la Champions League. Porque el fútbol entiende de entidades, equipos y no de dinero y estrellas.

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